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Monday 27 december 2010 1 27 /12 /Dic /2010 17:21

A las 11:30 am mi esposa tenía su cita con el ginecólogo. Quedamos los dos que yo la acompañaría porque teníamos que consultar a su doctor por problemas que mi esposa tiene, sexualmente.
Ella llegó al consultorio 20 minutos antes de la cita, yo justo cuando la enfermera la llamaba para pesarla y tomarle sus signos vitales. Regresó a la sala de espera y nos saludamos. Solo tuvimos que esperar 5 minutos más, para ser llamados nuevamente por la enfermera para entrar ya con el ginecólogo. Lo hicimos.
Entramos y el doctor se puso en pié para saludarnos de mano, nos ofreció un par de sillas frente a su escritorio y nos sentamos los dos. Buscó en su laptop el expediente de mi esposa y anotó los resultados de la temperatura, peso y presión de mi esposa, que momentos antes había tomado la enfermera. Mientras escribía y sin quitar la mirada de la pantalla le dijo a mi esposa:
- AA¿Qué puedo hacer por usted?
Mi esposa, me miró y le respondió:- Cuando tengo relaciones sexuales, por más que tenga deseos de hacerlo, al ser penetrada tengo dolores y molestias que no me dejan disfrutar la relación.y termino masturbandome con lo que consiga vera estas fotos que me tomo mi esposo masturbandome con una zanahoria 104

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117

118 Esto me ha sucedido las últimas 2 veces con mi esposo.
- Hábleme más de cómo es el dolor, que siente, que le sucede.
- Cuando estoy por ser penetrada, siento hormigueo dentro de mi vagina, y tengo deseo, pero conforme el pene va entrando, siento como si me rasgaran y ya no deseo la relación. ahi dijo mi esposa- el dolor es leve pero si continúan penetrándome va en aumento.
- AA¿Y este dolor desaparece en algún momento?
- No. Tiene que ser muy lentamente la penetración para poder seguir con la relación. Pero mi esposo se desespera y entonces a veces mejor la evito.
El ginecólogo hizo algunas anotaciones en la laptop y le dijo a mi esposa:
- Voy a revisarla, le pido de favor que se pase a desvestir y se quite toda su ropa, incluso la interior, y se ponga la bata, que la enfermera le proporcionará, con la abertura hacia el frente. Vaya con ella.
Mi mujer se puso en pie y siguió a la enfermera detrás de un biombo de tela, que cubría el acceso a un cubículo más pequeño acondicionado para la exploración de las pacientes. La enfermera le entregó una bata rosa y salió del cuarto. El doctor me dijo que probablemente fuera una Dispareunia que es dolor en la vagina, el clítoris o las labias durante la relación sexual. Muchas veces esto se debe a la falta de lubricación en la cavidad vaginal, y conlleva las molestias que aparentemente presenta mi esposa. La enfermera regresó al cubículo y cuando vio a mi esposa preparada le indicó al doctor que ya podía pasar. El doctor se puso de pie y caminó hacia el cuarto donde mi esposa iba a ser explorada. Entró con la enfermera y emparejó la puerta. Escuché que el doctor le decía a mi esposa:
- Súbase al camastro y se va a descubrir de la cintura para abajo. Luego se acercará hacia el frente y va a subir sus piernas en los soportes para ellas, para poder revisarla.
Escuché como el doctor arrastraba un banco metálico y se sentaba en él. Supuse que estaría entre las piernas de mi esposa; Vi encender una luz que aumentó la intensidad de la iluminación que había en aquel cuarto. Los minutos pasaron, solo escuché un leve gemido de mi esposa, como los que emite cuando va a ser penetrada y tiene dolor. Supuse que el doctor le estaría abriendo su vagina e introduciendo algún instrumento. La enfermera salió del cuarto y pasó de largo frente a mí. Pasaron otros cinco minutos y escuche que el banco se arrastraba nuevamente y la luz se apagaba. La puerta se abrió y salió el doctor que me dijo:
- Pase por favor.
Me puse de pie e ingresé al pequeño cubículo. La luz era indirecta, hacia el techo de la habitación, y mi esposa yacía acostada en el mueble para exploración, con sus piernas subidas en los soportes laterales con la vagina totalmente expuesta a nuestra vista. El doctor cerró la puerta, se sentó en el banco y encendió la luz dirigiéndola entre las piernas de mi esposa. La luz aumentó el brillo de los pequeños vellos que cubrían la abertura vaginal de mi esposa, ella le gusta depilarse y se deja apenas un diminuto triángulo de vello púbico por sobre su rajadura, en el monte de Venus por encima del clítoris. El doctor tomó un instrumento parecido a un lápiz metálico y fue abriendo los labios de mi esposa, separándolos.
Con la otra mano tomó un abate lenguas y con los dos instrumentos separó los labios menores de mi esposa que dejaba a la vista su rosado orificio vaginal, estrecho, fruncido. Me dijo:
- Mire, acérquese y vea su interior.
Me acerqué y miré hacia dentro, donde la luz iluminaba, pero no sabía que debía ver. Le dije entonces al doctor:
- AA¿Qué debo ver?
- Fíjese en las paredes de la vagina, están opacas, sin brillo, no hay lubricación en ellas. Hace un momento estuve jugando con ellas estimulándolas con los instrumentos para que se lubricaran, y no, no lo hicieron.
- AA¿A qué puede deberse eso? aEi¿� pregunté-
- Posiblemente a un problema con las glándulas de Bartholini, que son las encargadas de lubricar durante el estímulo sexual.
- AA¿Y cuál sería el problema, y cuál la solución?
- Aquí es donde tenemos que ver que lo está ocasionando, pueden ser varias las causas; si es por infección, se llama Bartholinitis y se debe principalmente a microorganismos que cierran los pequeños orificios por donde sale el moco o lubricante, estos conductos están aquí.
El doctor se colocó nuevamente entre las piernas de mi esposa y con el lápiz metálico abrió uno de sus labios y señaló una zona por uno de los lados y por debajo del orificio vaginal de mi esposa. Y dijo:
- Estos son los conductos, y una manera sencilla de saber que le sucede es provocándole una contracción para ver si secreta el lubricante, lo cual voy a hacer en este momento.
El doctor se puso un guante de látex e intentó introducir su dedo en la vagina de mi mujer, dando pequeños círculos dentro de su orificio. Mi esposa volvió a gemir, un quejido suave por el dolor que esto le provocaba. Con el índice y el pulgar apretó ligeramente la zona que me había indicado donde estaban las glándulas, pero no ocurrió nada. Introdujo aún más dos dedos en el orificio rosado de mi mujer y los metía y sacaba como si fuera un miembro penetrándola. Nuevamente mi esposa se quejó. Detuvo su penetración y pellizcó en una de las zonas de las glándulas. Esta vez apareció una diminuta gota que dio brillo al tejido del orificio de mi esposa.
- Ya ve, este es el lubricante que hace falta.
Sacó los dedos del interior de mi esposa y acercó su nariz para oler la vagina de mi mujer. Me sorprendí por lo que hizo, volvió a introducir los dedos en ella dando un giro casi de 180Ai¿� y los sacó llevándolos a su nariz para olérselos. Entonces dijo:
- Creo saber cuál es el problema que tenemos. Venga y huela usted.
El doctor se puso de pie y me cedió el asiento. Me coloqué entre las piernas de mi mujer y me acerqué para olerla. No noté realmente nada raro. El doctor añadió:
- No sé si perciba un aroma acedo. Tiene una ligera infección que ha taponado los conductos lubricantes, hay que ver como ocurrió.
El doctor me pidió que lo dejara sentarse nuevamente y sacó de un cajón un instrumento de metal que tiene la forma de un pico de pato. Lo acercó al foco.
- Esto es para quitarle lo frio. Voy a revisarla internamente.
Tomó un tubo de gel que era un lubricante, pero no lo abrió; dijo entonces:
- Imagine que es un pene; voy a tratar de introducírselo a su esposa sin lubricarlo.
Lo llevó hasta la vagina de mi esposa e intentó meterlo, ella saltó, y dijo:
- Me duele, mejor no.
El doctor dijo:
- Esto es lo que ocurre cuando trata de introducirle el pene. No hay lubricación. Pero lo curioso es que haya una infección. Le voy a pedir un favor aEi¿� me dijo- bájese sus pantalones y déjeme revisarlo. Póngase esta otra bata. Y se salió.
Sus palabras me tomaron por sorpresa. Mi esposa me dijo que obedeciera si quería que todo saliera bien. Lo hice. Me quité el pantalón y el bóxer y llamé entonces al doctor. Él entró.
- Normalmente cuando esto ocurre, el problema está en los dos. Déjeme revisarlo.
Mi esposa se incorporó para ver lo que el doctor me hacía. Él se había puesto otro guante en la otra mano y tomó mi pene levantándolo para revisarlo por todos lados, luego tomó los testículos. Por último tomó el glande entre sus dedos y lo oprimió frotándolo. Lo soltó. En cuestión de segundos salió una gota de lubricante, el cual tomó entre sus dedos y lo llevó a su nariz para olerlo.
- Qué raro, -dijo- usted no tiene el mismo aroma que su esposa. Usted no tiene la infección.
Volvió a tomar otra muestra de mi lubricante y lo llevo a su olfato.
- No, definitivamente no.
Mi esposa me miró y dijo:
- Doctor, creo entender su preocupación, déjeme decirle algo. aEi¿�mi esposa hizo una pausa- No se si ha oído hablar de las reuniones Swingers. Nosotros hemos acudido a esas reuniones donde se tiene intercambio de parejas si uno quiere; hay dos tipos de intercambio: el Hard y el Soft. En el primero sucede de todo con otras personas, en cambio en el Soft, únicamente hasta donde se ponen los límites, no hay cambio e parejas. Este último es el que nosotros practicamos.
El doctor entendía lo que mi esposa le decía, asintiendo con la cabeza. Cuando mi esposa terminó de hablar, el dijo:
- Esa puede ser una causa de su problema. Dígame, que es lo que usted hace o en lo que participa.
Mi esposa me miró y yo tome la palabra:
- Ella puede ser acariciada por otro, besada, e incluso tener sexo oral si ambas parejas lo acuerdan sino no. Ella no puede ser penetrada por nadie que no sea yo, sin mí consentimiento, y conmigo pasa igual.
- Hace veinte días participamos en una reunión aEi¿�me interrumpió mi esposa- allí otro hombre me hizo sexo oral, y yo a él. Mi esposo se lo hizo a la esposa de mi pareja. Eso fue todo.
El doctor permaneció pensativo por unos segundos y luego dijo:
- Si ese hombre estuviera infectado de algo hubiera infectado a la que es su esposa y ella a su vez a su marido, pero no, su esposo no tiene nada. Lo más probable es que tuviera una infección en la boca y le contagió a usted su vagina. De todos modos le voy a mandar algún antibiótico vaginal.
El doctor se rascó la cabeza y continuó hablando:
- Como les decía, esta puede ser una de las causas para que haya dolor cuando su marido la penetra.
- Y AA¿si nos mandara algún lubricante? aEi¿�dijo mi esposa-
- Podría servir de momento pero no corregiría la causa. Mejor es que aprendan a realizar el acto.
Se puso en pie y fue hasta una pequeña vitrina de la cual tomó una caja y luego de otro lado un sobre. Regresó para meterse entre las piernas de mi esposa. Abrió la caja y sacó de ella un vibrador en forma de pene; el otro objeto que tomó era un condón, el cual abrió y lo puso en el vibrador. Y dijo, dirigiéndose a mí:
- Quiero que vea lo que voy a hacerle a su esposa porque es lo que usted va a tener que hacer.
Me acerqué a su lado mientras encendía el pene eléctrico. Lo colocó entre los labios vaginales de mi esposa y lo fue frotando, sin intentar introducirlo. Lo pasó por donde me había dicho están las glándulas de Bartholini. Al cabo de 5 minutos, la vagina de mi esposa comenzó a brillar humedeciéndose de tal manera que el consolador quedó mojado, entonces el doctor pudo introducir el aparato dentro de la vagina de mi esposa sin dificultad, lo apagó. Ella no exclamó dolor alguno mientras hizo esto. Me pidió que tomara su lugar y lo hiciera ahora yo.
Cambiamos de sitio y tome el vibrador, y lo encendí. Lo coloqué en la entrada del orificio de mi mujer y lo estuve frotando de tal manera que también se humedeció como con el doctor. Luego lo pude introducir. Él me detuvo, y dijo:
- Esto es lo que va a tener que hacer usted cada vez que quiera penetrarla, lo debe hacer por espacio de 10 minutos sin introducir su miembro para que ella se lubrique antes. Déjeme ahora enseñarle lo siguiente.
Se sentó nuevamente el doctor en el banco entre las piernas de mi esposa y encendió el vibrador que ya estaba lubricado anteriormente por los jugos de Claudia, mi mujer. Sin sacar el aparato de mi esposa, se puso él de pie, colocándose frente a su vagina, y fue metiéndolo lentamente como si fuera su miembro, dando pequeños giros en la cavidad vaginal. Luego lo introdujo y sacaba frotándolo en las paredes vaginales de mi esposa. Lo apagó y me dijo:
- De nuevo ahora usted.
Me coloqué entre las piernas de mi esposa y encendí el vibrador; lo comencé a mover como lo había hecho el ginecólogo dentro de mi mujer, siguiendo los movimientos. En eso el doctor me detuvo y dijo:
- Miren, creo que si están dispuestos a ayudarse, podemos hacerlo mejor. -Dirigiéndose a mí dijo:- Usted está en bata, sin ropa interior, y ya vi su erección ahora que se colocó entre las piernas de su esposa. AA¿Por qué no lo hace de una vez como debe ser?
Las palabras del doctor sonrojaron a mi esposa y a mí. Él añadió.
- Si lo han hecho delante de otras parejas, que importa si lo hacen delante de mí, yo podré guiarles y decirles cómo hacerlo. Solamente obedézcame usted, -nuevamente se dirigió a mí- haga lo que le voy pidiendo. Tomó una gasa y limpió el lubricante que había en la vagina de mi esposa. Iba a comenzar desde cero.

- Colóquese frente a ella pero sin recargarse en su mujer ni penetrarla. Frote ligeramente su miembro contra la vagina de su esposa. Busque tocar las paredes laterales de su orificio, recuerde que allí están las glándulas de Bartholini, que son las que necesitamos estimular. Hágalo.
Miré a mi esposa y ella aceptó. Mi verga estaba rígida, mojada, la comencé a frotar contra las paredes como me dijo el doctor. No pude esperar más y por instinto quise metérsela de una vez. Mi esposa lanzó un gemido.
- Mmmm. Eso es lo que nos ocurre doctor, y me duele cuando lo intenta hacer.- dijo ella-
El doctor me miró y exclamó:
- No debe impacientarse, debe tomar su tiempo, cuando ella esté perfectamente lubricada no le va a doler cuando la meta. Observe.
Me retiró de mi lugar y el tomó mi lugar, tomó el vibrador y lo encendió, se colocó como si fuera a penetrarla con su miembro y comenzó a frotarlo en los labios vaginales de mi mujer. Repitió los círculos que debía hacer tocando las paredes como me lo había dicho con anterioridad. Desde el ángulo donde yo me encontraba veía como si verdaderamente el doctor estuviera penetrando a mi esposa. Apagó el aparato y me cedió su lugar.
Mi erección continuaba. Acerqué mi verga al orificio de mi mujer y lo froté en círculos, por todos lados de su contorno. A los cinco minutos sentí como se mojaba mi glande con los jugos de mi esposa, formando hebras que se alargaban con mis movimientos. El doctor me dijo que así iba bien, pasó uno de sus dedos tocando mi glande y tomó una muestra del líquido de mi esposa y lo olfateó, diciendo que si, que evidentemente era una leve infección la que estaba taponando los conductos. El doctor me pidió que me detuviera y le cediera el lugar. Tomó de nuevo el aparato y lo encendió, se colocó dentro de las piernas de mi esposa y simuló penetrarla, poco a poco, fue introduciendo el vibrador en la concha de mi mujer, lo metía todo y lo sacaba todo, lo hizo como 10 veces. Cuando se retiró de entre mi esposa, no podía ocultar su erección, era inmensa. Me pidió que ahora lo intentara yo. Cambiamos de lugar y coloqué mi verga justo para entrar en la concha de mi mujer, me recargué con toda intención en una de las paredes vaginales y ella y lanzó un quejido. Me retiré. El doctor me dijo que así no, y volvió a tomar mi lugar. Repitió la escena mostrándome cómo hacerlo. Esta vez su erección era visible para todos, incluso para mi esposa que pudo sentirla junto con el vibrador.
Tomé su lugar para realizarlo y le dije mientras al doctor que me costaba mucho trabajo ver como lo hacía él por estar deteniendo el aparato con sus manos no podía ver lo que hacía. Miré a mi esposa y le cerré un ojo, no sé si me comprendió pero volteé a ver al doctor y su erección, no podía disimularla. Ahora yo me dirigí hacia la vitrina y tomé un sobre de donde le había visto sacar un condón. Miré al doctor y le dije:
- Mire, usted ha hecho mucho por nosotros, y nos ha ofrecido su ayuda, lo menos que puedo hacer es pedirle que me enseñe a hacerlo como se debe hacer; por favor doctor, enséñenos cómo hacerloaEi¿�
Mientras le decía esto le extendí la mano con el condón. El doctor me miró y luego miró a mi esposa, ella le dio aprobación asentando con la cabeza un notorio aEoesiaEi¿�. El doctor me miró nuevamente, tomé el sobre de mi mano y lo abrí, saqué el condón y se lo ofrecí. Esta vez lo tomó él. Se quedó pensativo.
- Por favor doctoraEi¿� - dijo mi esposa-
El doctor comenzó a desabrochar su cinturón, el pantalón y el cierre. El pantalón cayó por sí solo. El doctor quedó en trusa; su erección fue mayúscula. La verga del doctor comenzó a salir por entre la abertura de su prenda interior. Tenía una erección superior a la mía. Desabotonó su calzoncillo y también cayó al suelo, el doctor se colocó el condón en su mástil erguido, que casi le llegaba al ombligo. Me miró y yo le di mi consentimiento. Dio un paso hacia el frente y él colocó su verga encima de la vagina de mi mujer. Ella suspiró profundamente.
El doctor sin decir palabras, comenzó a frotar su miembro contra las paredes de la vagina de mi esposa en forma de círculos, sin penetrarla; lo hizo lentamente. Yo me acerqué a ver lo que hacía. Su glande se trasparentaba en el condón y pude ver como lo frotó varias veces en el orificio de mi esposa. Ella comenzó a moverse involuntariamente. Los movimientos del doctor continuaron arrancando un gemido de mi mujer. Percibí que el doctor intentaba sumir su palo en el orificio de Claudia, pero no lo hacía; las paredes de la vagina de mi esposa se humedecieron por completo, incluso sin meter el doctor su miembro podía oírse como estaba lubricado la concha de mi esposa. El doctor me miró y yo comprendí que iba a comenzar a meterle su fierro poco a poco. Mi esposa lanzaba cortos gemidos, como jadeando por la excitación que sentía. Podía ver en su rostro el deseo de ser penetrada ya, pero el doctor seguía haciendo los círculos por fuera de su orificio.
El doctor comenzó a introducir su verga en mi esposa, lentamente, sin usar sus manos; la erección era tal que solita iba entrando su verga en ella. Ahora sin sus manos, podía ver mejor como lo iba haciendo, no era como yo lo hacía sino que lo fue frotando por las paredes lubricadas, para que toda su envergadura entrara lubricada y no le doliera a ella. Miré como su glande desaparecía dentro de la vagina de Claudia. Primero fue el glande, ella lo tragó completo, luego poco a poco el tronco, pero sin dejarlo dentro, pues el doctor se retiraba sacándole casi todo su leño. Esto hizo que ella se humedeciera completamente, ahora era notorio el sonido de un líquido. El doctor había destapado los conductos de mi esposa haciendo que nuevamente se lubricara. Fue entonces que ella no resistiendo más dijo:
- Más doctor, más, no pare, métamela toda por favoraEi¿�!!!
El doctor comenzó a meterla y a sacarla ahora más rápidamente, podía oírse el golpear de sus huevos contra las paredes vaginales de mi esposa. Me acerque a mirar y pude ver como se hundía en ella completamente la verga del doctor. Él una vez adentro, comenzó nuevamente a realizar los círculos, pero ahora en el interior de ella, desde lo más profundo de su interior, lo cual excitó a mi esposa que ya jadeaba abiertamente. Ella comenzó a moverse al ritmo que era penetrada por el falo de su doctor. Los dos se movían sincronizados, se escuchaba el chocar de sus cuerpos produciendo un sonido que me excitaba, yo perdía la erección. Comencé a masturbarme ahí frente a los dos cuerpos, el de mi esposa y el de su ginecólogo; el doctor se excitó al verme y aceleró sus embestidas al orificio de mi esposa, cada vez era más rápido, ella no se quejaba ahora gozaba y gritaba suavemente para no ser escuchada por la enfermera, pero era inminente su orgasmo. El doctor detuvo bruscamente su entrar y salir dentro de mi esposa, dejando en el interior toda su verga. Ella siguió moviéndose buscando la rigidez del palo que le partía sus entrañas.
El doctor volvió a moverse dentro de ella; ahora ya no en círculos sino de un lado al otro, esto hizo que mi esposa explotara en un orgasmo total, en donde escurrieron jugos desde su interior por sus piernas. Ahora el movimiento del miembro del doctor en el hoyo de mi esposa era sin dificultad, ella completamente mojada lubricaba la verga del doctor facilitándole entrar y salir placenteramente. Mi esposa ciñó sus piernas en la cintura del doctor apretándole para que no se fuera a salir, esto provocó en el doctor tal excitación que terminó llenando el orificio de mi mujer de semen. Ella volvió a venirse cuando sintió el chorro del semen del doctor inundar su cavidad aunque fuera dentro del condón.
El doctor descansó sus brazos sobre las piernas de mi esposa, que las tenía en los soportes de exploración. Y se retiró para dejarme el lugar ahora a mí. Me coloqué frente a la vagina de Claudia y froté mi verga contra sus paredes que estaban completamente mojadas por la excitación que le provocó la verga del doctor. Ella comenzó nuevamente a jadear. Pero me contuve de penetrarla. Ella solita se fue hundiendo mi palo en sus entrañas arrastrándose hacia mí. Pedía ser cogida. Cuando la escuche pedir ser cogida se la hundí toda hasta fondo, no me costó ningún trabajo, el lubricante que el doctor le había extraído a mi esposa en su vagina permitió que toda mi verga se fuera hasta dentro. Comencé a moverme como el doctor me había mostrado, a mi esposa le encantaba. Una y otra vez la penetraba con fuerza, hasta que le arranqué un nuevo orgasmo, pues sentí como se mojó de tal manera que ahora era mi miembro el que le arrancaba los sonidos líquidos y ya no la verga del doctor. Arrecié mis embestidas hasta que ya no pude resistirme y la llené de leche en su concha, la cual le brindó un último orgasmo soltando todo su cuerpo agotado sobre el colchón de la mesa exploratoria.
Claudia le indicó al doctor que se acercara a ella para quitarle el condón; lo tomó por la verga y le fue sacando el látex de su miembro que mantenía cierta erección, ella le limpió con un pañuelo desechable el semen que quedaba en su falo. El doctor me señaló la caja de gasas para que yo tomara algunas y limpiara el semen que mojaba mi flácido miembro, agotado y rendido por la acción que había tenido. Tanto el doctor como mi esposa y yo nos vestimos los tres en el mismo cuarto. Salimos del cubículo. El volvió a su escritorio y nosotros a nuestras sillas. Nos miró y sacó de su botiquín una caja de un gel para la infección de mi esposa y de paso también para mí.
Desde ese día, el doctor se entrelazó con nosotros de tal manera que nos visitaba a casa para platicar y se interesó en las reuniones de grupos swingers; llegó a acudir con nosotros a varias de ellas y allí entre él y yo disfrutábamos a mi esposa cada vez, donde ella consideró que ya había dejado de ser Soft para pasar a ser Hardswinger.

Por Dr luis miguel Hernandez - Publicado en: sexualidad - Comunidad: elcurriculo
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